sábado, 12 de junio de 2010

Oponerse al trabajo infantil.

No es suficiente denunciar la explotación laboral de los infantes, chiapanecos, mexicanos, del mundo, sin pasar a la acción. El sólo aportar datos es ilustrativo, pero no cambia la realidad de -ahora sí, millones de niños y niñas que están laborando en toda clase de actividades, en el campo y la ciudad. Cuando en 1993 integramos, en Tuxtla Gutiérrez, el Comité Estatal Contra el Trabajo Infantil, el 'fenómeno' apenas era visible, aunque por supuesto que ya estaba presente en este país. Ingresé a invitación de Misael y de Russel, profesores del nivel básico, ambos de secundarias técnicas. Participaban la compañera Martita, enfermera del IMSS, Arturo del SUTERM, algunos estudiantes normalistas, y varios, muchos, estudiantes de secundaria. Marchamos un 20 de noviembre. No parecía importarle a nadie el problema del trabajo infantil, mucho menos la falta de suscripción al convenio 138 de la OIT de parte del gobierno mexicano. Sin embargo, el problema venía creciendo. Para 1996 era ya común la presencia de los niños empacadores -cerillitos, en los supermercados. La firma Ch., de origen veracruzano, fue la pionera en ingresar al mercado laboral 'sin remuneración' a niños de entre 12 y 16 áños. Por entonces envié a un grupo de estudiantes de periodismo, que cursaban Ciencias de la Comunicación, a documentar esta creciente explotación. Cuando el personal responsable del supermercado Ch. se dio cuenta de que estabamos fotografiando y entrevistando a los niños -y les prohibió hablar, ya era demasiado tarde ... para su mala fortuna, pues ya teníamos, y tenemos, sus testimonios. De manera semestral comenzó a documentarse, en Chiapas, principalmente en la capital del estado, aunque no exclusivamente, el trabajo urbano, más algunos estudiantes incoproraron datos relativos al trabajo de los chicos en el campo ... como jornalerros, o como 'ayudantes' de sus padres. De aquellos años para aca, el 'fenómeno' se ha acrecentado, multiplicado y crecido desproporcionadamente ... más bien, proporcionalmente inverso con el crecimiento de la pobreza y la miseria de las familias chiapanecas. Y el gobierno nada ha hecho realmente para terminar de fondo con este problema estructural, sino declaraciones gubernamentales que son más de corte propagandista que reformas estructurales. Es decir, para los años de la década de 1960, el salario del jefe de familia era suficiente para sostener y mantener a una familia de hasta 8 integrantes, incluyendo la madre y los hijos. Las sucesivas crisis económicas a partir de la década de la década de 1970 obligaron a las mujeres a incorporarse al mercado laboral y su número creció desmesuradamente ...incluso sin tener equidad salarial -lo cual es una discriminación descarada, pero objeto de otro análisis. Para mediados de los años 80 del siglo XX, siempre hablando de nuestro país, comenzó a observarse la presencia de infantes en actividades laborales, formales e informales. Fue haciéndose notoria la presencia, además, de niños y niñas pidiendo limosna en las esquinas. Fue en Guadalajara, en una madrugada del mes de julio de 1983, cuando personalmente me impactó la presencia de unas niñas vendiendo flores en la confluencia de López de Legazpi y la avenida López Mateos, por el rumbo de la Plaza del Sol, sólas, sucías, desharrapadas. Por entonces, en Chiapas el trabajo infantil estaba asociado a las tareas domésticas o productivas de carácter familiar. Salvo en el campo, donde los jornaleros se han hecho acompañar de la familia completa en las tareas agrícolas, en las áreas urbanas no era considerado un problema. Más las crisis de fin de sexenio, acompañadas de las devaluaciones del peso, condujeron a los niños a trabajar fuera del entorno familiar, para colaborar con el ingreso familiar. Para entoncesdocumentamos ya niños laborantes en talleres mecánicos -automotrices, motoristas, ciclistas, panaderías, herrerías, carpinterías, comercios, por supuesto en supermercados. El caso de los supermercados, cabe destacar, es excesivo, porque, además de que no les pagan un salario ni remuneración aguna, sino que prácticamente los colocan como 'propineros', les ponen a realizar actividades propias de los empleados de las cadenas, como es el acomodamiento de mercancia en los anaqueles, estantes y botaderos, particularmente de aquella mercancia que a última hora el cliente decidió ya no llevar. Sin seguridad social ni prestación alguna, estos niños sufren además los riesgos de trabajar en horarios nocturnos, sobre todo cuando les ha tocado atender por la tarde-noche. Los super Ch. por ejemplo, cierran sus puertas a las 23 horas, los niños empacadores salen de allí, entonces, a las 24 horas, medianoche, practicamente todos los días, más bien, todas las noches. Y ¿qué hace el gobierno para solucionar este problema social?, por lo pronto campañas propagandísticas y demagógicas.

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

<< Página Principal