domingo, 4 de julio de 2004

La conveniencia de un proceso de rediseño curricular democrático en la Unach O la inconveniencia de la imposición autoritaria del currículum

La conveniencia de un proceso de rediseño curricular democrático en la Unach O la inconveniencia de la imposición autoritaria del currículum

por Fernando Rey Arévalo Zavaleta

Ahora bien; así como todo juicio tiene, por estructura, la pretensión de verdad, así también, por estructura, toda verdad tiene la pretensión de objetividad. Pero mientras la verdad radica en la concordancia entre una intuición y un concepto, la objetividad, siendo intersubjetividad, radica en el asentimiento que al juicio preste una pluralidad abierta de individuos, es decir, radica en una vigencia cuyo legítimo fundamento estaría en las intuiciones coincidentes de cada uno de ellos.
Carlos Cossio


Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, a 04 de julio del 2004 Introducción Como es sabido, la Universidad Autónoma de Chiapas atraviesa un proceso de rediseño curricular similar al que viven gran parte de las instituciones educativas del estado y del país, tanto del nivel superior como del medio básico y medio superior: totalmente impuesto y francamente antidemocrático. En las recientes semanas una serie de expresiones de rechazo por las medidas manifestaron en la entidad trabajadores de la educación de los niveles medio y básico, toda vez que el rediseño particular se traduce en perjuicios a las estructuras laborales y en consecuencias a sus derechos, puesto que la ‘reorientación’ –como eufemísticamente se ha denominado a la serie de ajustes estructurales- se traduce ni más ni menos que en la desaparición de líneas de atención completas, que en otro sentido significa ignorar áreas de conocimiento de la manera más burda que se pueda imaginar. De gran resonancia ha sido el anuncio de que la educación secundaria desaparecerá por ejemplo el área de historia de dos de los tres grados que conforman el nivel medio básico, con lo que se dejarían de abordar temas de suma importancia para la formación de la conciencia histórica del mexicano al obviarse la época prehispánica, con lo que se ahondaría el desconocimiento de las culturas mesoamericanas fundamentales para la construcción de la nación mexicana como son la nahoa, maya, totonaca, mazahua, olmeca, tolteca, mixteca, mazateca, mixe, zoque, popoluca, zapoteca, entre muchas otras que perviven entre sus descendientes, presentes en la vida contemporánea del país. Dicho cambio curricular entrará en operación en el ciclo escolar que iniciará en agosto del 2006, en todas las escuelas secundaria del país de acuerdo al anuncio hecho por la SEP. Para el caso particular de la entidad chiapaneca es ilustrativo el caso del sistema CECYTECH -Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Chiapas -, en el cual las autoridades del mismo pretenden desaparecer las áreas de Ciencias Sociales y Biología, en aras de recalcar el carácter tecnológico del mismo, que sería el que se estaría primando en éste como en todo el sistema educativo mexicano a partir de la presente administración. Más allá de la afectación laboral a decenas o cientos de trabajadores del CECYTECH, COBACH, ESTIS, Unach, etcétera, lo que realmente está prevaleciendo es el perjuicio a la formación de los educandos, que deja ver el carácter antieducativo del rediseño curricular, toda vez que se prioriza el aspecto pragmático de las necesidades del sector productivo por cuanto a mano de obra cualificada y acreditada, sí, pero ignorante, puesto que así será menos exigente por cuanto a derechos salariales y laborales corresponde. Al igual que en la Unach, en las instituciones educativas mencionadas el proceso por el cual se pretende introducir el nuevo modelo curricular está impuesto y es por ende antidemocrático, lo que redunda en el rechazo del proyecto mismo de parte de los docentes, quienes supuestamente habrán de llevarlo a cabo, de operarlo en las aulas, por lo que preveo un rotundo fracaso del mismo, a partir de las mencionadas condiciones. No sería la primer reforma educativa que fracasase en el país, más hasta donde se observa constituye el parteaguas por cuanto a la unificación magisterial y docente en un proyecto común: el rechazo al rediseño curricular que privilegia los intereses de la iniciativa privada en desdén del interés nacional. I.- La misión pragmática de la Nueva Universidad Entre sus planteamientos, el Proyecto Académico 2002-2006# establece como ‘misión’ de la Unach “...instituir un nuevo modelo educativo que mediante la integración de sus tres funciones básicas tienda a la formación de profesionales críticos, propositivos, capaces de tomar decisiones con visión, liderazgo y conciencia histórica; con valores de honestidad, tolerancia, solidaridad y respeto a la diversidad étnica y cultural, a la naturaleza y al Estado de Derecho; que les permita incidir y coadyuvar en el desarrollo de Chiapas generar conocimientos, divulgarlos y vincularse con los diversos sectores, con el fin de participar en la construcción de una sociedad más justa, incluyente y democrática. Para lograr esto, es fundamental contar con un marco jurídico actualizado, una administración descentralizada y eficiente, finanzas sanas y transparentes, órganos de gobierno renovados y planes y programas educativos que permitan atender a la población con equidad y calidad”#. De lo anterior se infiere que el proyecto de nueva universidad parte desde una determinada perspectiva de la política y gestión educativa en tanto aplica la terminología correspondiente, como desde cierta axiología, en la cual figuran preponderantemente los valores honestidad, tolerancia, solidaridad y respeto, en primer término y de manera expresa, mientras que justicia y democracia figuran implícitamente. Hay que remarcar una serie de palabras clave (key words) que nos permitan ubicar la orientación del modelo de nueva universidad, y de paso captar serias contradicciones en la frase, como de la racionalidad que la sustenta. Tenemos entonces que el “nuevo modelo educativo” persigue la “formación” de “profesionales críticos, propositivos, capaces de tomar decisiones”, poseedores de “visión, liderazgo y conciencia histórica”, respetuosos de la “diversidad” así como del “Estado de Derecho”, para lo cual se requiere un “marco jurídico actualizado” así como una “administración descentralizada y eficiente”, “finanzas sanas y transparentes”, “órganos de gobierno renovados” y “planes y programas educativos” tendientes a proporcionar atención de calidad y servicios equitativos. Tal como se hace evidente, se trata de la aplicación ligera de la metodología del tipo ‘planeación estratégica’, que confunde los fines educativos de la institución al difuminarlos entre las funciones de la misma en su carácter administrativo, que necesariamente corresponden a un segundo plano por cuanto a las metas prioritarias de la Universidad, que son los denominados fines sustantivos, es decir, docencia, investigación y extensión de la cultura. La gestión universitaria es un medio para alcanzar los fines, y de ningún modo es un fin por sí. En fin, que la misión de la Unach, desde la perspectiva de los creadores del proyecto académico que actualmente rige la vida interna de la institución es la formación de un sujeto excepcional en tanto que a la vez que libre, crítico y autónomo sea dócil y obediente de la ley: el respeto a la diversidad y a la ley es contradictorio en si mismo, sin más ni más. Más allá de los aspectos recién mencionados, cuyo desarrollo no son del interés temático del presente trabajo, sin dejar de lado los conceptos de liderazgo y democratización que habrán de abordarse enseguida, destaco el que los “planes y programas educativos” se diseñarán tendientes a proporcionar servicios equitativos y atención de calidad. Equidad y calidad, dos términos aparentemente inofensivos, que en alguna de sus acepciones contienen una alta carga ideológica, y que colocados en el último trecho de la misión de la Unach obtienen un estatus elevado por cuanto al objetivo final de la institución. Ambos términos, cabe apuntar, tienen una presencia distinguida en el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica (1992), hasta donde llegan procedentes de la Ley General de Educación y ésta a su vez los retoma de la literatura internacional predominante en la materia. Por cuanto a equidad, se entiende ésta como la ampliación de la cobertura para atender sectores hasta ahora excluidos: la realidad contradice este precepto pues la tendencia es hacia la reducción de la matrícula, básicamente por razones presupuestales, y de ninguna manera hacia la ampliación de la cobertura, puesto que la institución no tiene capacidad para atender la creciente demanda, y a los aspirantes los elimina a través, primeramente, del examen de admisión, y enseguida por el filtro que constituye el preuniversitario; de cada mil aspirantes, 600 son excluidos en la primera ocasión, y del resto, aprueban el preuniversitario unos 200, para ingresar a primer semestre. Eso es por cuanto al aspecto cuantitativo, pues en lo cualitativo son excluidos bajo el mismo mecanismo los aspirantes procedentes de escuelas ubicadas en municipios marginados, semiurbanos y rurales, toda vez que compiten en condiciones de desventaja frente a los aspirantes de áreas urbanas o suburbanas, que son quienes logran colocarse y matricularse en la universidad. Respecto al concepto de ‘calidad’ indudablemente procede del ámbito empresarial, concretamente de la esfera industrial, donde se refiere a las condiciones del producto terminado, al menor coste posible, el cual está relacionado directamente con la competitividad desde dicha racionalidad. Llevado al ámbito educativo, la calidad depende –según la SEP- de la conjunción de varios factores: recursos económicos y la racionalidad de su utilización, la organización de los estudios y el aprovechamiento del tiempo, la pertinencia de los medios didácticos, el desempeño de los educadores y la motivación de los estudiantes#. De este modo, la misión otorga particular importancia al aspecto de la gestión racional de recursos, la consecuente ‘rendición de cuentas’ (accountability)# y que por ende considera al alumno como ‘producto’ y a la docencia, la investigación y la extensión de la cultura como procesos#, por lo cual resulta evidente que prima en esta perspectiva la visión empresarial de la educación que poco tiene que ver con el supuesto sentido y función social de la institución y está más relacionada con la búsqueda de la eficacia, la cual se centra más en el producto, que en el proceso, en este caso, proceso educativo#. Según se observa, la misión de la Unach al igual que la administración empresarial, se deja de lado la naturaleza humana del sujeto a educar como de los educadores, al igual que de todos los integrantes de la institución educativa, quienes están en todo momento ligados a sus emociones y sentimientos al mismo tiempo que a sus preferencias y creencias ideológicas, ideas e intereses. La universidad en particular como la escuela en lo general, no son fábricas de entes desprovistos de la naturaleza humana. Al respecto, Lya Sañudo sostiene que “en las instituciones educativas no pueden darse las condiciones de precisión mecánica y de exactitud que la eficacia requiere como producto ya que es difícil lograr una instrumentación precisa porque si organización se actualiza en las acciones de las personas y éstas siempre se interpretan de muy diversas maneras; además, las estrategias se ajustan siempre a la experiencia cotidiana, alejándose de la propuesta inicial. De hecho, en ellas las acciones siempre son cuestionables, conflictivas y llenas de incertidumbre, ya que los resultados que se esperan son diversos e imprevisibles además de específicos de la cultura institucional histórica”# Tenemos entonces, en la Unach, una misión que parte de una visión empresarial de la educación muy a tono con la actual orientación de la política educativa del gobierno federal, que para la educación superior se propone tres objetivos estratégicos: 1. ampliación de la cobertura con equidad 2. educación superior de buena calidad y 3. integración, coordinación y gestión del sistema de educación superior. Mismos que a final de cuentas únicamente quedan como buenos propósitos, pues por un lado la tendencia es hacia la reducción de la matrícula, básicamente por razones presupuestales, y de ninguna manera hacia la ampliación de la cobertura, en tanto que a la calidad se le otorga un significado eminentemente materialista, que excluye el aspecto humano de los actores del proceso, bajo una óptica verdaderamente positivista. II. Nuevo modelo curricular, contradictorio Las condiciones en las que se pretende introducir el nuevo modelo curricular en la máxima casa de estudios de la entidad resultan contradictorias con las pretensiones de democratización a la que se comprometió la actual administración rectoral como en relación con la supuesta autonomía de que goza la institución universitaria desde su creación en 1974. Amén del mecanismo por el que se pretenda introducir, lo realmente significativo lo es el grado de aceptación o rechazo que en su caso tendrá el nuevo currículum, lo que redundará en su total éxito o verdadero fracaso en las aulas, que es donde a ciencia cierta se concreta y se vive la universidad. En la vida cotidiana de las escuelas, son los docentes frente a grupo quienes ejercen el currículum, y en gran medida lo transforman en la práctica, para bien o para mal, con lo que el modelo original difícilmente se implementa correctamente, y bajo tales circunstancias es sumamente aventurado expresar una opinión respecto a las bondades o defectos del mismo. Es un hecho que la realidad ha marcado que quien trabaja en el aula debiera ser quien participe en el diseño del currículum, más tratándose de un asunto en el que se manifiesta el ejercicio del poder, por lo general son los burócratas quienes lo diseñan desde los escritorios. La situación no sería deplorable en la medida en la que participan, como líderes de los equipos de diseño y rediseño curricular, especialistas y/o conocedores de la materia, empero lamentablemente en nuestra realidad circundante no se siguen estas recomendaciones, por lo que el producto de dicho trabajo termina fracasando en la medida en que se introduce forzadamente a las aulas. Más que argumentar y convencer acerca de las bondades y ventajas del modelo que se propone desde rectoría, tal como se plantea en el documento “Lineamientos generales para la reestructuración de planes y programas de estudio”#, respecto al objetivo general#, los principios que lo rigen, o sus características#, el problema se focaliza en la imposición de una estructura curricular que contradice la pretensión de flexibilidad al que se alude constantemente en el discurso. Es el punto anterior el quid de la cuestión en el presente ensayo, más no significa que deban pasarse por alto serias contradicciones, por ejemplo entre el objetivo general del nuevo modelo curricular y la orientación de éste, contradicción de la que advierten estudiosos como Méndez Quintero, quien plantea, “Hoy, en el fondo del currículo, se esconde...una forma de entender la educación que termina liquidándola. En otras palabras, en el currículum se declara en forma brillante ese ideal del hombre integral, pero cuando se estructura dicho currículum se desnaturaliza y hasta desaparece esta concepción”# El nuevo modelo curricular# contempla una especie de ‘tronco común’ durante 2 semestres, es decir, un año, previo al inicio de los estudios disciplinarios. Dicho tronco común–de acuerdo al modelo presentado por la propia coordinación de referencia durante las reuniones de trabajo con las plantas docentes de las diferentes licenciaturas en los distintos campus universitarios, y que se expone asimismo en la página web www.unach.mx - está integrado por los campos de ‘desarrollo personal’ (7%), ‘formación ambiental’ (7%) y ‘formación básica’ (8%) que en conjunto representan 22% de los créditos y un periodo similar si de tiempos se trata. Tal aspecto ha causado preocupación entre el profesorado, puesto que, o se amplían los programas de licenciatura, o en su defecto se recortan materias, es decir, se suprimen asignaturas. Entonces el problemas se complica, porque además de académico toca el aspecto administrativo y en consecuencia laboral. Incluso, en el mediano plazo debe considerarse la posibilidad de que se desaliente a los aspirantes a ingresar a partir de la prolongación de los periodos de estudio, lo que podría conducir al eventual cierre de carreras. Y aunque en el documento de referencia no se descarta la posibilidad de recurrir al modelo modular integrador, la problemática gira en torno a otras dimensiones: la Micropolítica en el nivel central como en las facultades. Por un lado, para la rectoría parece ser de capital importancia imponer el nuevo modelo curricular como reformar toda la legislación universitaria, en aras de consolidarse en el poder. En otro nivel, al interior de las facultades, el trabajo en torno al rediseño curricular de los programas de licenciatura de la Unach se lleva a cabo más a partir delos intereses de grupo que del interés común, a grado tal que se dejan de lado las recomendaciones de los CIEES#, a partir de las cuales debiera rediseñarse la currícula de aquellos programas que buscan la acreditación. Toda vez que participo activamente en el proceso de rediseño curricular de uno de los programas de licenciatura en la facultad de Humanidades de la Unach, estoy en posibilidad de plantear que el enfoque aplicado es más el de la formulación de un sílabo (listado de materias) que el de la construcción de un currículum entendido como proceso. Asimismo es posible considerar que de lo que se trata es el de preservar espacios laborales a través de la conservación de materias y cursos, más que el plantear un redireccionamiento cabal de la carrera. De modo que de nada sirve la experiencia previa en materia de rediseño curricular en tanto el proceso queda supeditado a los intereses de grupo. Pierde sentido entonces la afirmación de la Dra. Pilar Elizondo Zenteno, cuando hace referencia a la pretendida experiencia que se supone deben tener docentes de la UNACH que han atravesado por lo menos 2 evaluaciones y consecuentes rediseños curriculares (1989 y 1999). De este modo podemos estimar que, más que desmemoria, lo que prevalece es una especie de ninguneo respecto a los procesos previos, porque de otra manera no se entiende por qué se incurre en errores fundamentales, como es la imposición de una estructura curricular básica, y dejar a libre elección el rediseño curricular a los docentes sin el asesoramiento de expertos o especialistas en la materia. Más que imponer criterios, lo indispensable en este momento es capacitar a los docentes en teoría y práctica curricular para que estén en posibilidades de participar activamente en el proceso de rediseño. III Liderazgo transformacional para la Nueva Universidad Una Nueva Universidad como la que se plantea en el proyecto académico 2002-2006 requiere definitivamente un liderazgo transformacional y de ninguna manera el típico liderazgo autoritario, totalitario y antidemocrático que ha prevalecido en la Unach a lo largo de sus 30 años de existencia. En los hechos, sin embargo, queda manifiesto el carácter autoritario, totalitario y antidemocrático del rector en turno, quien se considera poseedor de la verdad absoluta, la cual pretende imponer a la comunidad entera, conformada por unos 23 mil integrantes entre estudiantes (21 mil), docentes (1300) y administrativos (700), en números redondos. No hace falta más que revisar sus discursos a partir de su toma de posesión para detectar la perspectiva que tiene quien dirige los destinos de la Unach. Se trata de argumentaciones -cargadas de prejuicios y estereotipos, por cierto- que ilustran la concepción de autoridad técnico racional que orienta su acción y gestión, el cual de ninguna manera obtiene el consenso de la comunidad universitaria sino por lo contrario genera marcadas inconformidades . Desde su toma de posesión, el rector de la Unach recurre al lenguaje totalitario para imponer su visión de las cosas, aun cuando la etapa de campaña proselitista quedó atrás. Por lenguaje totalitario debemos entender aquel que pretende coaccionar la respuesta del auditorio a los mensajes que se proponen como tesis y que asimismo “no se respeta el derecho del ciudadano a emitir su respuesta ante los mensajes o contenidos simbólicos, de forma racional y autónoma; la importancia política de esta falta de respeto radica en el hecho de que estas respuestas son las que originan las actitudes colectivas que están en la base de los procesos de opinión pública”#. Tal como se refirió anteriormente, la misión de la Unach contempla el liderazgo como una cualidad de los sujetos a formar en sus aulas, de la cual, paradójicamente, carece quien encabeza el proceso de mejora, reestructuración y rediseño curricular, al igual que quienes conforman su equipo de trabajo. En su conjunto, rector y colaboradores, a falta de liderazgo, pretenden imponer el nuevo modelo curricular, bajo el pretexto de que es resultado de una consulta ‘por internet’ de la cual no se tuvo mayor noticia, y que tendría así alguna legitimidad y consenso, atributos que en los hechos no aparecen en todas y cada una de los talleres de rediseño curricular que se llevan a cabo a lo largo y ancho de los campus universitarios. Independientemente de la finalidad última del proyecto de rediseño curricular, el cual puede ser loable, el problema radica en las formas y procedimientos por el que se pretende imponer el nuevo modelo curricular. Una estrategia apropiada para atajar el rechazo indudablemente lo constituye el liderazgo del tipo transformacional, considerando que la universidad es un espacio de lucha, disgresión y competencia por el poder, en el que se enfrentan diversos grupos interés, en aras de sendos intereses grupales, cuyos esfuerzos deben tocarse en un objetivo común. Sin embargo, pareciera que la realidad trata de ser evadida, ya que no se acepta dicha condición Micropolítica. “Considerar a la escuela como un sistema político nos permite entenderla como una institución menos racional y burocrática de lo que tradicionalmente se ha creído que era” sostiene Teresa Bardiza# quien establece que para reconocer y comprender la dimensión política de las instituciones escolares es necesario visualizar la dimensión interna (Micropolítica), que permite analizar a las escuelas como sistemas de actividad política, y la dimensión externa (macropolítica), que presenta a la escuela como el aparato de Estado responsable de la producción y reproducción ideológica. Es desde la perspectiva Micropolítica que se plantea que el orden en las escuelas, e instituciones escolares en lo general, como es el caso de la universidad, es negociado permanentemente entre sus integrantes y “...por debajo de esa negociación hay una lógica interna”, relacionada con distintos factores, señalados por Bardiza, entre los que se señalan la ideología, la diversidad de metas, los intereses, las estrategias, las luchas por el poder y el control, la toma de decisiones y objetivos y significados de la organización. Y para encauzar todo esto en la misma dirección se requiere un liderazgo funcional y no formal únicamente; es decir, un liderazgo compartido, que fomente el trabajo académico colegiado, concentre los esfuerzos dispersos y delegue responsabilidades entre otros integrantes de la organización (empowering), a fin de que cada quien contribuya al logro de los propósitos. Me refiero al líder transformacional que, además de generar afecto y simpatía en vez de odios y resentimientos, se preocupa por los demás y no está en constante persecución de los otros, porque tiene sentido comunitario y además es negociador#, que al fin busca siempre implicar a los profesores en el proyecto de reestructuración de la Universidad, que se plantea desde esferas ajenas a la institución, y que dadas las condiciones en que se plantea debiéramos enfrentar conjuntamente y no divididos. Es decir, la introducción de un nuevo modelo curricular para la Unach exige un liderazgo transformativo que genere motivación entre el profesorado para participar de los fines y objetivos de la institución, desde su aportación al rediseño curricular. IV. El proceso curricular democrático Toda vez que, de acuerdo al Proyecto académico vigente, la nueva universidad implica un modelo educativo centrado en el aprendizaje, # resulta indispensable que el proceso de rediseño curricular se lleve a cabo de manera democrática, puesto que se trata de un cambio estructural que modificará las acciones y programas de modo relevante, por lo que los actores están obligados a participar en la definición de su propio destino. Esto quiere decir que las autoridades del nivel central, encabezados por rectoría, tendrían que motivar a los docentes para que se impliquen en el trabajo de rediseño curricular y hagan suyo los fines de la Universidad. Y es que, después de todo, son los docentes, los profesores, los maestros frente a grupo quienes llevamos a cabo el proyecto curricular, de uno u otro modelo, de una u otra concepción. Si bien ‘perfil de egreso’ y ‘estudio de la práctica profesional’ señalan dos perspectivas divergentes de entender y aplicar el currículum a partir de los planteamientos teóricos sea de Tyler, Taba et al (modelo asignaturas) por un lado, como de Díaz Barriga y Pansza (modelo modular integrador), por el otro, lo cierto es que en los hechos ambas son aplicadas conjuntamente en gran medida, lo cual nos indica que bien pueden complementar el proceso del diseño curricular. De cualquier manera ello no implica necesariamente que su conjunción resulte en proyectos exitosos, no tanto porque teóricamente sean –desde sendas epistemologías- aparentemente contradictorias, sino porque en su aplicación interviene el factor humano, que es el cual finalmente ha supeditado los resultados de uno y otro modelo a toda clase de variables, lo que ha derivado en la impugnación de uno u otro dada la serie de fallas que en su aplicación se han observado. Y no me refiero aquí a los defectos que epistemológicamente puedan achacársele a ambos, sino a las tergiversaciones que éstos han sufrido sea por desconocimiento de las características incluso del concepto, de parte de los responsables de llevar a la práctica ciertos currícula en las escuelas, con sus alumnos en las aulas; es decir, los profesores. Entre muchos otros aspectos que inciden en la infuncionalidad de ambos modelos (por asignaturas y modular) a mi me parece que el de la marcada individualidad laboral es común a los dos en la medida que en sí requieren éstos de la participación de los profesores en el trabajo académico y de la vida escolar en general, quienes –por distintas razones que no vienen al caso- se niegan a llevar a cabo trabajo colegiado. Desde la teoría, tal como lo exponen Tyler y Díaz Barriga respectivamente, se requiere del trabajo en academias o colegiado para atender el proceso de enseñanza-aprendizaje, más, para el primer caso (modelo curricular por asignaturas) nuestro contexto, desde mi particular perspectiva, favorece el aislamiento del docente, quien considera que tiene derecho a la ‘libertad de cátedra’ de un parte, y de otra, la segmentación del conocimiento bloquea el trabajo interdocente, incluso para el caso de aquellos quienes trabajan la misma asignatura, en la medida que paradójicamente limita su libertad de pensamiento al darle un plan de estudios previamente diseñado desde una racionalidad tecnológica y positivista que no permite la disgresión. Además, las academias (para el caso que conozco laboralmente) funcionan bajo el criterio de quien coordina y entonces no tiene mucho caso participar en la medida que prevalece el criterio unipersonal y de ninguna manera funciona la colegialidad. Por cuanto al modelo modular, al parecer el problema estriba en el desconocimiento de sus características y fundamentos de parte de quienes debieran conocerlo ‘al derecho y al revés’, y a partir de ello lo mal entienden y lo aplican peor, al no trabajar interdisciplinariamente los módulos para atender los correspondientes ‘objetos de transformación’, sino que arreglan una cómoda distribución de horarios y sesiones entre los docentes, para conveniencia personal, con lo que perjudican notoriamente la metodología del trabajo modular. Con relación a la ‘enseñanza modular’# me parece muy significativo el hecho de que se trate de una propuesta surgida en México, particularmente en la Universidad Autónoma Metropolitana, puesto que en principio me indica una opción alternativa al modelo norteamericano centrado en asignaturas y objetivos, que finalmente conduce a la fragmentación del conocimiento. La idea de la enseñanza modular integrativa realmente aparece atractiva, no sólo por el hecho de dejar de lado la atomización del conocimiento, y atender áreas de conocimiento sino por su interés en conjuntar las tres funciones sustantivas de la universidad: docencia, investigación y extensión “...en el abordaje de un problema concreto que afronta la comunidad y que tiene una relación estrecha con el quehacer profesional”. El otro aspecto muy significativo es el cambio de roles de profesor y alumno, el primero coordina las actividades que el segundo realiza activamente, y el tratamiento se da desde equipos interdisciplinarios. Empero, otra vez el problema no es el modelo, que puede parece casi perfecto, sino la implementación en la realidad. En la Unach tenemos el caso de las facultades de Medicina Humana y Medicina Veterinaria y Zootecnia las cuales supuestamente funcionan bajo el esquema modular, más las formas en las que se aplica el modelo deja mucho que desear, comenzando porque en ningún momento nadie se ha tomado la molestia de explicar a la planta docente en qué consiste la ‘enseñanza modular’ y en la práctica se ha deformado cada vez que los docentes se rolan en distintos horas y días para la atención de los grupos, por lo que el trabajo en equipo multi e interdisciplinario francamente todavía es un propósito pendiente. Con tales antecedentes empíricos –de nuestro contexto más próximo- es posible sostener (junto con la Dra. Pilar Elizondo) que “el problema no es el modelo curricular, sino quienes lo aplican (porque) no hay trabajo coordinado”, como que “ninguna teoría curricular dice ‘la segunda desbanca a la primera’, sino que se complementan”. A partir de lo expuesto anteriormente, además de la necesidad de directivos con ideas claras respecto al liderazgo funcional y transformacional que se espera de ellos, resulta indispensable involucrar al personal docente en el rediseño curricular toda vez que la selección de contenidos y la formación de habilidades es un ‘problema del conjunto de la sociedad’ y no es un asunto de un profesor en específico#, mucho menos de burócratas de la universidad Y más allá de la consideración de los contenidos académicos, observemos el currículum, como proceso, puesto “...trasciende al producto formal para convertirse en su propia realidad en un espacio de poder y control, pero al mismo tiempo de enfrentamientos y tensiones. Es un instrumento político que encuentra su verdadera función social cuando opera en la realidad institucional” como lo destaca Estela Ruiz Larraguivel#. He aquí que, retornado a la idea central del presente trabajo, “el desarrollo del currículum e innovaciones funciona mejor cuando, en lugar de ser dirigido por líderes o administración externa, se capacita a los propios profesores para tomar decisiones sobre cómo implementarlo. En último extremo querer tener unos centros docentes profesionalmente más preparados significa promover el desarrollo del conjunto del profesorado” señala Bolívar quien en esta misma línea de pensamiento contribuye con el siguiente dato: “parece también documentado en la literatura y evidenciado en la práctica que el intercambio de conocimientos y experiencias entre colegas (“aprender juntos”) suele ser uno de los medios más enriquecedores y con mayor incidencia en el desarrollo profesional docente, igualmente que la cultura del individualismo y privacidad , empotrada en el trabajo escolar, suele impedirlo”. Conclusión Sin que el tema haya sido agotado, los siguientes conceptos resumen la argumentación desarrollada. : 1. La misión de la Unach se propone la formación de universitarios con valores, entre los que destaca la democracia, misma que es ignorada por las autoridades centrales en la medida que pretenden imponer unilateralmente un nuevo modelo curricular, simulando consenso 2. Para que el currículum, como producto y como proceso, sea aceptado por la comunidad universitaria, particularmente por quienes lo ponen en práctica en las aulas, debe involucrarse al profesorado en las tareas de rediseño, una vez capacitados en la materia 3. Estas acciones requieren de un liderazgo transformacional, que fomente el trabajo académico colegiado, concentre los esfuerzos dispersos y delegue responsabilidades entre otros integrantes de la organización (empowering), a fin de que cada quien contribuya al logro de los propósitos, a partir del sentido de pertenencia a la institución. 4. Los docentes, capacitados y motivados para que se impliquen en el trabajo de rediseño curricular y hagan suyo los fines de la Universidad, no pueden mantenerse ajenos al proceso, puesto que son los principales actores de la reestructuración que se está llevando a cabo y que finalmente transformará de raíz la universidad. 5. De no democratizarse el proceso, en tanto se mantenga la imposición, se corra el riesgo de que fracase el nuevo modelo curricular, debido a la incertidumbre y rechazo que ha generado el mecanismo de presentación del mismo.



Fuentes de Información
Bibliografía
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